La Alameda amaneció cerrada entre Manuel Rodríguez y Mac Iver por la ceremonia del Juramento a la Bandera. Desde las siete de la mañana, el Ejército interrumpió la principal arteria de la capital y obligó a desviar el tránsito hacia calles alternativas. Conductores y pasajeros del transporte público enfrentaron demoras y congestión en pleno centro de Santiago, mientras la ciudad se adaptaba a los cortes de tránsito.
El tránsito se desvió hacia calles alternativas y la congestión afectó tanto a vehículos particulares como al transporte público. La rutina de los santiaguinos se alteró mientras la ciudad se convirtió en escenario de memoria militar y tradición histórica.
El Ejército organizó el acto frente al Palacio de La Moneda y la Plaza de la Ciudadanía. Autoridades civiles y militares participaron en la ceremonia que recuerda el sacrificio de los 77 soldados caídos en 1882 durante la Guerra del Pacífico. La música militar y las formaciones marcaron el tono solemne de la jornada, que se desarrolló en medio de un Santiago que debió adaptarse a los desvíos.
La Alameda como eje interrumpido
La Unidad Operativa de Control de Tránsito desvió el flujo hacia Avenida España, Matta y Vicuña Mackenna. Conductores enfrentaron demoras y peatones vieron restringido el paso por el perímetro de seguridad instalado en torno a la Plaza de la Ciudadanía. La congestión se extendió más allá de la Alameda y obligó a los santiaguinos a modificar sus recorridos habituales.
La ceremonia convirtió a la Alameda en protagonista. No por su habitual movimiento de buses y autos, sino por el peso de la tradición militar que cada año se instala en el corazón de la ciudad.
La jornada mostró cómo la historia y la memoria nacional irrumpen en la vida cotidiana de Santiago. La Alameda, eje de tránsito y símbolo urbano, se transformó en escenario de identidad y recordatorio del compromiso militar con la patria.