Hans Kast, hermano del Presidente electo José Antonio Kast, saltó a la atención pública por ser el primer sacerdote en denunciar formalmente a Fernando Karadima, un caso que marcó a la Iglesia chilena y que vuelve a tomar relevancia tras las elecciones y la llegada del nuevo Gobierno.
Nacido en 1961, Hans Kast Rist fue párroco de San Pedro de Las Condes y, según registros periodísticos, presentó una denuncia contra Karadima en 2010 que abrió una de las investigaciones más mediáticas sobre abusos sexuales en la Iglesia chilena. “Me convertí en uno de los defensores de las víctimas”, declaró en su momento, según reportes citados por Emol sobre su testimonio en tribunales en 2011.
En su testimonio, Kast relató que en 2005 presenció a Karadima besando en la boca a dos jóvenes y señaló que el ex párroco se refería a las víctimas con expresiones como “dama de compañía” o “pololo”, según consignaron los medios. También declaró que recibió otras denuncias por hechos que habrían ocurrido en 2003, lo que contribuyó a la decisión de elevar la denuncia formal en 2010.
La trayectoria clerical de Hans Kast culminó en octubre de 2019, cuando envió una carta pidiendo cesar sus deberes en el ministerio sacerdotal; esa solicitud fue aceptada, poniendo fin a más de 25 años de sacerdocio, de acuerdo con antecedentes publicados. Durante su periodo como sacerdote, ejerció como párroco en la Parroquia San Pedro de Las Condes.
El rol de Hans Kast en el caso Karadima fue destacado públicamente por su hermano. En 2011, José Antonio Kast escribió en La Tercera: “Miro la vocación sacerdotal de mi hermano Hans con orgullo. Que haya testificado en el caso Karadima me llena de orgullo, porque se atrevió a decir que algo estaba mal y muchos no lo hicieron”. En ese mismo texto añadió: “Él era mi compañero de pieza. Nunca pensé que iba a ser cura… Pero estuve feliz cuando lo decidió, tiene una gran vocación.”
La figura de Hans Kast vuelve a aparecer en el debate público en medio de la cobertura sobre la familia del recién electo Presidente y el impacto que estos antecedentes pueden tener en la imagen del futuro Gobierno. Para la ciudadanía, el caso recuerda procesos de verdad y justicia que han marcado la relación entre el Estado, la sociedad y la Iglesia.